La letra chica del Gobierno: pidió usar durante dos años imágenes de alumnos en campañas

El Ministerio de Capital Humano solicitó a padres y tutores una autorización para que los chicos que participaron del acto por el Día del Maestro puedan ser filmados y fotografiados, pero el documento va mucho más allá de la cobertura de la ceremonia: habilita durante dos años el uso de su imagen, voz y nombre en campañas y todo tipo de medios, permite ceder el material a terceros y establece que la autorización es “irrevocable”.

La convocatoria era para participar de un acto oficial por el Día del Maestro, realizado el 11 de septiembre en la Biblioteca Nacional de Maestros, en el Palacio Pizzurno, con la presencia del presidente Javier Milei.

Hasta allí, una actividad institucional más.

Pero para que los estudiantes pudieran participar, las familias recibieron un documento titulado “Autorización de uso de imagen y otros derechos” que generó cuestionamientos por el alcance de la cesión solicitada.

El formulario no autoriza solamente a registrar a los alumnos durante el acto.

Los padres, madres o tutores autorizan al Ministerio de Capital Humano y a la Presidencia de la Nación a utilizar la imagen, voz y nombre de los estudiantes durante dos años, sin límite territorial ni de cantidad de emisiones.

Y el texto es todavía más amplio: permite que ese material sea utilizado en “campañas publicitarias o de comunicación institucional” a través de televisión, radio, medios gráficos, internet, telefonía móvil, vía pública, eventos y prácticamente cualquier otro medio de difusión.

La letra chica que encendió la polémica

La autorización también contempla que las imágenes puedan ser cedidas a terceros y que el material pueda ser editado.

Pero quizás la cláusula que más llama la atención es aquella por la cual los padres declaran que la cesión es “irrevocable” y renuncian a cualquier derecho de revocar la autorización.

El documento también incluye una renuncia a efectuar reclamos contra el Ministerio de Capital Humano, la Presidencia y quienes reciban posteriormente el material.

La pregunta que surge es inevitable: ¿por qué para participar de un acto oficial por el Día del Maestro se necesita autorizar durante dos años el uso de la imagen de un niño en campañas y medios que todavía no se conocen?

¿Qué pasa con el derecho a la imagen de los chicos?

El Código Civil y Comercial establece que el consentimiento para disponer de derechos personalísimos es de interpretación restrictiva y libremente revocable.

La Ley 26.061, además, reconoce expresamente el derecho de niños, niñas y adolescentes a que se respete su propia imagen.

Esto no significa que la autorización sea automáticamente ilegal o nula. Pero sí plantea un interrogante sobre el alcance de cláusulas que pretenden hacerla irrevocable y permitir usos futuros tan amplios.

También entra en juego la legislación de protección de datos personales, especialmente cuando el formulario contempla la posibilidad de ceder las imágenes a terceros.

Del acto oficial a las campañas

La polémica está, precisamente, en esa diferencia.

Una cosa es autorizar que un estudiante sea fotografiado o filmado durante una ceremonia oficial.

Otra, bastante diferente, es autorizar por anticipado que esas imágenes puedan ser utilizadas durante dos años, en cualquier lugar, en múltiples medios, en campañas de comunicación y por eventuales terceros.

Y existe una pregunta adicional: ¿qué ocurriría si esas imágenes fueran utilizadas posteriormente para una finalidad que la familia no imaginaba cuando firmó?

El formulario no identifica las futuras campañas ni a los eventuales terceros que podrían recibir el material.

Una discusión que involucra a menores

Por tratarse de niños, la cuestión adquiere una sensibilidad particular. La firma de los padres es relevante porque ejercen su representación legal, pero los menores también son titulares de derechos sobre su propia imagen y esos derechos cuentan con una protección específica.

Por eso, más allá de que exista un consentimiento firmado, el debate jurídico pasa por determinar qué puede autorizarse, con qué alcance y bajo qué condiciones cuando el protagonista de las imágenes es un niño.

La discusión, entonces, no es si el Gobierno puede fotografiar un acto oficial.

La discusión es por qué una invitación para acompañar al Presidente en un acto por el Día del Maestro viene acompañada de una autorización que permite utilizar durante dos años la imagen, voz y nombre de chicos en campañas, ceder ese material a terceros y, además, pretende que los padres renuncien a revocar el consentimiento y a formular reclamos.

Una letra chica que, por tratarse de imágenes de niños, difícilmente pueda pasar inadvertida.