Cumpleaños de la CSJN: Hoy, hace 163 años, comenzó a funcionar

Por Marcelo Watrakiewicz*
Empezó con tan sólo 5 jueces, un secretario, un ujier y un ordenanza. Sin edificio ni presupuesto propio. Y acá te cuento brevemente cómo
La Constitución Nacional de 1853, siguiendo el modelo norteamericano, estableció como órgano máximo del Poder Judicial a la Corte Suprema de la Nación, y en su texto se estableció su conformación: nueve jueces y dos fiscales. Urquiza, Presidente de la Confederación Argentina y sin Buenos Aires como parte de ella, desde Paraná procedió mediante decreto del 26 de agosto de 1854 a nombrar a los primeros nueve integrantes: los doctores Gabriel Ocampo, José Roque Funes, Francisco Delgado, Martín Zapata, Facundo Zuviría, Bernabé López, José Benito Graña, Nicanor Molinas y Baldomero García.
En teoría, la Corte comenzó a existir. En la práctica, nunca se constituyó como tal.
Las circunstancias políticas complejas de la época, sumadas a la falta de recursos materiales, hicieron imposible su puesta en funcionamiento. Por ello, la Justicia Federal a pesar de haber sido creada seguía siendo una letra muerta en la Constitución.
1862. La reforma constitucional y el reconocimiento de lo posible
Nueve años después, ya con Buenos Aires y su aduana integrada nuevamente a la Argentina, el Presidente Bartolomé Mitre promueve una reforma constitucional. En lugar de un número fijo, el texto constitucional establecería que una ley orgánica fijaría la composición de la Corte.
Así se sancionó la Ley 27 de 1862: la Corte Suprema de Justicia estaría compuesta por cinco jueces y un procurador general.
Ese cambio no fue un simple detalle administrativo. Mitre lo sabía. Cinco permitía una deliberación genuina, la construcción de acuerdos sin unanimidad forzada. Cinco pareció el número óptimo para debate pero también para tomar decisiones en tiempos razonables.
Como señala Oyhanarte en su análisis histórico de la Corte, los criterios de selección de estos cinco jueces fueron rigurosos: se ponderó «la sabiduría jurídica y la mentalidad y actitud política» de los magistrados. Mitre no buscaba jueces dóciles, sino hombres de «sensibilidad política» combinada con «probidad intelectual»—lo que el historiador Vanossi resume así: «señorío antes que profesionalidad, pues doctores hay muchos pero señores son pocos».
Los cinco miembros nombrados con acuerdo del Senado fueron Francisco de las Carreras, Salvador María Del Carril, Francisco Delgado, José Barros Pazos y Valentín Alsina, quien declinó su nombramiento y fue reemplazado dos años después por José Gorostiaga.
Por ello, el 15 de enero de 1863 la Corte comenzó a funcionar, y lo hizo hasta el día de hoy de forma ininterrumpida -aunque con variaciones en el número de su composición a lo largo de su derrotero-con cuatro de sus integrantes, quienes ese día prestaron el juramento y tomaron posesión de sus cargos. Francisco de las Carreras fue designado su primer presidente.
La institución comenzó a funcionar en un local muy modesto de lo que hoy es San Telmo, en la calle Bolívar entre Moreno y Belgrano, con un personal que hoy calificaríamos más que de exiguo: sólo un secretario, un ujier y un ordenanza.
Y nueve meses después dictó su primer fallo: «Otero contra José M. Nadal s/ ejecución», en el que como recordamos se rechaza por improcedente un recurso de apelación. Podría resultar llamativo que en esta sentencia no se expidieran sobre el fondo de la cuestión, pero esa economía procesal puso de manifiesto una institución consciente de sus límites y enfocada en lo esencial de su tarea.
Dos años después, en 1865, comienzan a editarse los fallos, y en su prefacio el Secretario José Miguel Guastavino sostuvo que los mismos serían «la grande escuela en que todos, y con particularidad los magistrados, los legisladores, los abogados y los estudiantes concurrirán a estudiar la jurisprudencia, la Constitución y la perfección o imperfección de las leyes».
Esa Corte tan austera, nacida en el reordenamiento político y con recursos mínimos, se convirtió a través del tiempo en uno de los ordenadores institucionales más determinantes de la historia de nuestra República. Pero ¿cómo sucedió semejante transformación? ¿Cómo una institución tan modesta deviene en uno de los poderes más decisorios de la vida argentina?
La respuesta probablemente no esté solamente en las estructuras materiales sino en la coherencia de sus decisiones fundantes. Una autoridad construida sobre la consistencia y persistencia de su labor de impartir justicia y poner en funcionamiento el sistema Judicial Nacional y Federal.
*Profesor de Historia y Ciencias Sociales Funcionario PJN



