De las pampas a Beijing: la historia del Martín Fierro traducido por Zhao Zhenjiang

La traducción del Martín Fierro al mandarín realizada por Zhao Zhenjiang convirtió al gaucho argentino en un héroe cultural para el pueblo chino. Una historia de literatura, identidad, traducción poética y vínculos profundos entre Argentina y China que atraviesa generaciones.

La historia del Martín Fierro en China no puede comprenderse sin la figura del traductor Zhao Zhenjiang, quien logró que la obra cumbre de José Hernández trascendiera idiomas, culturas y geografías, para convertirse en un referente literario también en Oriente. Gracias a su traducción al mandarín, el gaucho argentino encontró un inesperado espejo en los héroes populares de la tradición oral china.

El impacto cultural fue tan profundo que durante la pandemia del coronavirus, el primer cargamento de donaciones que llegó desde China a la Argentina incluyó un mensaje en criollo, junto a las banderas de ambos países, acompañado por una de las frases más emblemáticas del poema: «Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea».

Un gesto que sintetiza como pocos el lazo simbólico que el Martín Fierro tejió entre dos pueblos separados por miles de kilómetros.

Un puente literario entre dos mundos

Zhao Zhenjiang no solo tradujo a José Hernández. Fue además traductor de obras de García Lorca, Juan Gelman, Gabriela Mistral y César Vallejo, entre otros gigantes de la lengua española. Pero el proyecto del Martín Fierro ocupó un lugar central en su vida: comenzó a trabajar en la traducción a principios de la década del 60 y la culminó a comienzos de los años 80. La obra fue finalmente publicada en 1984 por la Editorial del Pueblo de Hunan.

El primer contacto con el poema se dio gracias a un profesor argentino que le hizo conocer la obra cuando Zhao estudiaba en la Universidad de Beijing, la más antigua y prestigiosa de China, pionera en la traducción de literatura latinoamericana al mandarín. Allí, pese a haberse formado inicialmente en lengua francesa, fue derivado a la carrera de castellano.

“Como soy de origen campesino, conozco desde pequeño los trabajos del campo y el tema me gustó mucho”, recordó. Para su versión utilizó “una lengua intermedia entre el chino clásico y el chino moderno”, buscando respetar tanto la esencia poética como la comprensión popular.

Dudas, exilio y México

El camino de la traducción no estuvo exento de obstáculos. “Hubo una primera etapa en la que iba traduciendo algunas estrofas. Pero en el medio iban quedando muchas dudas”, relató. Versos aparentemente simples encerraban complejidades culturales difíciles de trasladar de una lengua a otra.

Años después, su viaje a México para perfeccionar el español, sumado al contacto con argentinos exiliados durante la dictadura, le permitió despejar esas dudas, acceder a bibliografía clave y completar finalmente la obra.

Traducir poesía es volver a escribirla

Para Zhao Zhenjiang, la traducción poética exige una tarea creativa profunda. “Traducir poesía prácticamente es una re-creación”, sostenía, en línea con la célebre definición de Octavio Paz. Las diferencias estructurales entre el chino y el español hacían del desafío algo aún mayor: los verbos, los tiempos, el ritmo, la rima, todo debía reinventarse sin traicionar el espíritu original.

“Si un traductor no sabe escribir poemas, cómo va a poder traducirlos”, sentenciaba con claridad.

El gaucho y los héroes chinos

Uno de los fenómenos más llamativos fue la identificación del público chino con el personaje del gaucho, asociado a los shuoshuren, héroes de tradición oral que encarnan valores de justicia, lealtad y resistencia. En ese cruce simbólico, el Martín Fierro dejó de ser solo un poema argentino para convertirse en un relato universal.

Zhao, con cierto desencanto, lamentaba que muchos colegas optaran por traducir textos comerciales o figuras mediáticas. Él, en cambio, apostó por la literatura como puente cultural. Y el tiempo le dio la razón.