Trump, Bessent y Milei: el detrás de escena del nuevo alineamiento argentino con Washington

El giro geopolítico del gobierno de Javier Milei comienza a mostrar consecuencias concretas. A cambio del respaldo financiero de Estados Unidos, la Casa Rosada avanza en el desmantelamiento de proyectos estratégicos con China, congela inversiones clave y profundiza su alineamiento con Washington, en un tablero global cada vez más tensionado.
En el tablero global de poder, la Argentina volvió a ocupar una casilla sensible. A cambio del salvataje financiero de Estados Unidos —con el aval directo de Donald Trump y de su secretario del Tesoro, Scott Bessent— el gobierno de Javier Milei empezó a ejecutar una serie de movimientos que consolidan un giro rotundo en política exterior: el progresivo alejamiento de China y el alineamiento irrestricto con Washington.
El propio Bessent lo expresó sin eufemismos. Una de las condiciones centrales del apoyo estadounidense fue que la Argentina le diera la espalda al gigante asiático, principal rival geopolítico de Estados Unidos. Lejos de disimular, la exigencia fue pública. Y la respuesta del Gobierno argentino ya empieza a reflejarse en decisiones de alto impacto estratégico.
En los últimos días se confirmaron dos gestos contundentes: la desactivación del proyecto chino para instalar un radar de vigilancia espacial en la localidad sanjuanina de El Leoncito, y el freno total a la reactivación de las represas hidroeléctricas en Santa Cruz, una obra clave para la infraestructura energética nacional con fuerte participación china.
Pero el viraje no se limita a la cancelación de proyectos. También hubo un reordenamiento político interno. Guillermo Francos, hasta hace poco jefe de Gabinete, era el principal puente del Gobierno con Beijing. En el último año había mantenido al menos cincuenta reuniones con representantes del país oriental, generando un canal de diálogo fluido que ahora quedó virtualmente desarticulado. Su desplazamiento, ocurrido tras las elecciones, fue leído en clave geopolítica.
La preocupación se trasladó también a las provincias. Gobernadores que apostaban a inversiones chinas quedaron en estado de alerta, ante la pérdida de un interlocutor clave para destrabar financiamiento. Según reveló El Cronista, Francos había facilitado un acuerdo para conformar una UTE destinada a retomar las represas santacruceñas con participación de la compañía Gezhouba Group. Hoy, ese acuerdo quedó en suspenso.
En paralelo, Karina Milei suspendió su viaje a la Exposición Internacional de Importaciones de China (CIIE), la principal vidriera para que productores argentinos establezcan lazos comerciales con el mercado chino. La decisión se produjo en el mismo contexto en el que la Argentina negociaba la continuidad del swap con el Banco Popular de China, una herramienta clave para el frente cambiario.
El mensaje político es inequívoco: Estados Unidos marca el ritmo y la Argentina acompaña, incluso al costo de enfriar su relación con el segundo mayor importador de productos argentinos. Soja, carnes, litio y economías regionales quedan así en un escenario de mayor incertidumbre.
En este nuevo TEG de la política internacional, Trump y Bessent mueven las fichas, Milei obedece y China retrocede. El respaldo financiero llega con condiciones, y el precio es un cambio profundo en el equilibrio diplomático y comercial de la Argentina. Un giro que redefine alianzas, compromete inversiones estratégicas y vuelve a insertar al país en el centro de las disputas entre las grandes potencias.



