Bregman, y el sayo de la oposición funcional

En los últimos días, varios medios empezaron a darle más visibilidad a Myriam Bregman, dirigente del Frente de Izquierda y referente del PTS, una corriente trotskista. A partir de eso, podemos preguntarnos si hay alguien interesado en instalarla como figura opositora en un momento en que Milei atraviesa desgaste y el peronismo no logra ordenar una alternativa clara.
La hipótesis de que ciertos medios la estén “inflando” puede tener varias lecturas. Por un lado, Bregman aparece como una figura atractiva para ocupar el lugar de una oposición dura, joven, clara y sin desgaste de gestión. Frente a un peronismo que muchas veces aparece dividido, moderado o negociando con el oficialismo, ella puede presentarse como una voz más coherente contra Milei.
Pero esa visibilidad también puede tener un uso político. Si Bregman crece, puede disputarle al peronismo parte del voto opositor, especialmente entre jóvenes, sectores universitarios, feministas, trabajadores estatales o votantes desencantados. En ese sentido, una izquierda más visible puede ser funcional al oficialismo si fragmenta el voto anti-Milei y debilita a una oposición con más chances electorales.
De todos modos, no es una lectura lineal. El crecimiento de Bregman también puede perjudicar al propio Milei si expresa un malestar social real y logra canalizar críticas contra el ajuste, el FMI, la reforma laboral, la represión o el avance de la derecha. Por eso, su figura puede ser incómoda para el peronismo, porque le disputa la representación opositora, pero también puede ser incómoda para el gobierno si fortalece una crítica social más radical.
En síntesis, no hay una prueba concreta de una operación coordinada para inflar a Bregman, pero sí hay un uso político posible de su figura. Su exposición puede servir para mostrar que la oposición al gobierno no viene solo del peronismo, sino también desde una izquierda más dura. Sin embargo, esa misma visibilidad puede terminar fragmentando el voto anti-Milei si la izquierda crece a costa de una opción opositora con mayores posibilidades electorales.
Ahora bien, para entender esa tensión hay que volver al ballotage de 2023 entre Sergio Massa y Javier Milei. Bregman pertenece al trotskismo, una línea marxista revolucionaria que se diferencia tanto del peronismo como del comunismo soviético tradicional. El trotskismo rechaza las alianzas con partidos considerados “patronales” o “burgueses” y defiende la independencia política de la clase trabajadora. Por eso, la izquierda suele negarse a apoyar electoralmente al peronismo, incluso cuando enfrente tiene a la derecha.
Ese punto fue clave en el ballotage. El Frente de Izquierda, y en particular el PTS de Bregman, no llamó a votar a Massa. Su posición fue llamar a no votar a Milei, pero sin apoyar electoralmente al candidato de Unión por la Patria. La defensa de Bregman fue que Milei representaba una derecha reaccionaria, pero que Massa también era responsable del ajuste, del acuerdo con el FMI y de la situación económica que había permitido el crecimiento de Milei.
Es decir: Bregman no apoyó a Milei, y sería falso decir que lo bancó. Pero también es cierto que, en un ballotage donde solo había dos opciones reales, no llamar a votar a Massa implicó no contribuir activamente a frenar electoralmente a Milei. Su postura fue coherente con la lógica trotskista de no subordinarse al peronismo, pero puede criticarse desde el punto de vista táctico: si el objetivo era impedir que ganara Milei, había una sola boleta capaz de hacerlo.
Por eso, cuando hoy Bregman aparece como una de las principales voces contra Milei, hay una tensión evidente. Ella se presenta como una opositora consecuente, que nunca negoció con el gobierno y que enfrenta el ajuste de manera frontal. Pero desde el peronismo o desde sectores anti-Milei se le puede responder que esa oposición fue incompleta en el momento decisivo del ballotage: discursivamente enfrentó a Milei, pero electoralmente no llamó a votar por quien podía derrotarlo.
Bregman fue coherente con su identidad trotskista al no apoyar a Massa, pero esa coherencia tuvo un costo político: en el momento decisivo, la izquierda no llamó a votar por la única alternativa electoral capaz de frenar a Milei. Hoy, su crecimiento puede expresar oposición genuina al gobierno, pero también puede ser funcional a dividir el voto anti-Milei.



