El análisis de Ricardo Alfonsín sobre el presente y el futuro de la UCR

Por Ricardo Alfonsin

En el verano del 2023, Marcelo Tassará, me propuso que escribiera el prólogo para el libro que estaba por publicar: el segundo tomo de EL PENSAMIENTO RADICAL Y SUS RAICES FILOSÓFICAS. No pude con anterioridad  compartirlo en las redes. Ahora que utilizo SUBSTACK sí puedo hacerlo. Mirá que voy a escribir cosas que seguramente a muchos radicales  no les van a gusta, le dije. “Escribí sobre lo que quieras” me respondió.

Agradezco a Marcelo su invitación a escribir el prólogo de su libro y la libertad que me dio para definir el contenido del mismo. Si lo leen entenderán por qué digo esto. Aunque creo que lo pueden imaginar.

TEXTO DEL PRÓLOGO.

 Marcelo Tassara me ha invitado, cosa que agradezco enormemente, a prologar el segundo tomo de Las raíces filosóficas del pensamiento radical. En este libro, el autor hace un valioso y, por cierto, muy oportuno trabajo de rastreo de los principales pensadores y políticos que a lo largo del tiempo influyeron en la configuración de la identidad del radicalismo.

Vivimos tiempos en los que las ideas, los principios y los valores, de manera creciente, se relegan al lugar de lo incidental, de lo contingente. Son tiempos en los que los partidos políticos suelen asumir posiciones o defender propuestas que, más allá de la retórica de sus dirigentes, entrañan una verdadera modificación de facto de las identidades partidarias. En otras palabras, son tiempos en los que más que las convicciones, mandan los resultados electorales. Es decir, la opinión mayoritaria. Sin importar cómo esa opinión se haya construido

Raul Alfonsín solía decirle a los jóvenes (y no solo a los radicales): “Sigan ideas, no sigan a hombres”. Por supuesto, no cualquier idea, como parecen creer algunos, sino aquellas de las que estamos convencidos de que son las más apropiadas para la defensa del interés general y el bien común. Aunque las mismas no aseguren el triunfo electoral.

 En este segundo tomo de Las raíces filosóficas del pensamiento radical, Tassara nos dice algo parecido: no se es radical por estar afiliado al partido o por ser candidato en su nombre, sino por compartir y ser consecuente con el sistema de ideas, principios y valores que definen su identidad. En otros tiempos no era necesario decir cosas como estas. En estos lamentablemente sí.

 Durante la lectura de Las Raíces Filosóficas del Radicalismo, una y otra vez venía a mi mente la idea de que el prólogo de un libro sobre la identidad de la UCR no podía eludir una reflexión acerca de la relación entre la identidad radical y la creación del frente CAMBIEMOS. Mas concretamente, acerca de la relación existente entre la identidad radical y la del partido hegemónico en dicho frente: el PRO. Es obvio que si fuera el partido radical el que ejerce la hegemonía, sería otro el análisis.

No creo que sea necesario ingresar aquí en la discusión acerca de si el PRO y la UCR efectivamente poseen ideologías contrapuestas. Incluso en la Convención Nacional los mismos dirigentes que impulsaron la creación de CAMBIEMOS―hoy JUNTOS POR EL CAMBIO― reconocieron esta contradicción. Por otra parte, la existencia de la misma se desprende claramente de la lectura del libro cuyo prólogo estoy escribiendo.

 Tampoco ingresaré en la cuestión relativa a si la UCR hizo o no lo correcto al conformar un frente de esta naturaleza. No digo que no valga la pena abordar esta cuestión. Al contrario. Son muchas las cosas que se podrían decir sobre el tema, pero este prólogo se  extendería demasiado. Al respecto solo diré que, desde mi punto de vista, fue un gran error. Pero no el único. Ni siquiera el primero. Este lugar lo ocupa la destrucción del FRENTE AMPLIO UNEN. 

 Pero tal vez el error más grave cometido por el radicalismo sea el que tiene que ver con la forma en la que la UCR  administró su pertenencia a CAMBIEMOS. Y sobre este tema es que pretendo hacer algunas breves consideraciones. Más concretamente, prefiero centrarme en responder a esta pregunta: ¿De qué forma resolvió la UCR su contradicciones identitarias y programáticas con el PRO?

 La respuesta es la siguiente: haciendo un viraje ideológico a la derecha. Lo hizo no bien Macri ganó las PASO. En efecto, tanto en temas tributarios, de seguridad, delegislación laboral o sindical, de jubilaciones, de educación, de ciencia, de salud, de política comercial o de política internacional, por acción o por omisión, la UCR alineó sus posiciones con las del PRO. (¡Si hasta apoyó la designación de jueces de la Corte por decreto!). Solo en una o dos oportunidades se atrevió a señalar alguna discrepancia.

 Es decir, la UCR hizo exactamente lo contrario de lo que al crear CAMBIEMOS se había comprometido a hacer en el caso de que fuera el PRO y no el radicalismo el que ganara las internas abiertas y luego las generales.

 De esta manera, es cierto, desaparecían las contradicciones con el PRO, pero con ellas también desaparecía un elemento esencial de cualquier partido político: la identidad. Y nada ha cambiado desde que la UCR y el frente que integra se convirtieran en oposición. Es cierto que hoy se discuten candidaturas, pero en términos programáticos sigue mandando el PRO. Es decir, la derecha.

 Tal vez alguno diga que me manejo con categorías obsoletas. Que eso de izquierda y derecha no tiene ya sentido. Lo cierto es que cada vez que escucho o leo cosas como estas me acuerdo de esa suerte de autoengaño que en psicoanálisis llaman racionalización.

 En suma: la UCR se ha convertido en una expresión política de la derecha argentina. Para muestra basta un botón: habrán visto ustedes que ciertos sectores que siempre habían sido severamente críticos con el partido radical y su dirigencia,  se han convertido en apologetas de ambos. ¿Por qué creen que ocurrió eso? ¿Acaso piensan que fueron los antiguos críticos del radicalismo los que cambiaron? Es obvio que no, fue el partido el que lo hizo.

 Yrigoyen decía que se pierdan cien gobiernos pero que se salven los principios. Raul Alfonsín decía que si la sociedad se derechizaba, la UCR debía prepararse para perder elecciones. Pues bien, curiosamente, a pesar de ser dos de los dirigentes más homenajeados e invocados por la dirigencia partidaria, la UCR ha hecho exactamente lo contrario.   

 Dicho sea de paso, es increíble que todavía, a pesar de la repetición hasta el cansancio de la entrevista en la que Raúl Alfonsín manifestaba cuáles eran los límites ideológicos de la UCR, siguen repitiendo que él habría apoyado el acuerdo con el PRO y la creación de Cambiemos.

 El radicalismo debe volver a ser el partido que, como dice Tassara a lo largo de las páginas de su libro, asume como responsabilidad de la política no solo asegurar la libertad sino también la igualdad, es decir, las condiciones materiales que hacen posible el ejercicio efectivo de la libertad. Dicho de otra manera, el radicalismo debe volver a ser el partido que asuma que la política no solo debe reconocer de manera formal las libertades y derechos esenciales para una vida digna, sino también asegurar las condiciones para que esas libertades y derechos puedan efectivamente ejercerse. Pero quiero ser franco, no creo que algo parecido pueda ocurrir si no hay una reacción clara y exigente por parte de los afiliados y militantes de base.

 Quiero terminar este prólogo invitando a los jóvenes y a los no tan jovenes a leer este esforzado y minucioso trabajo de Marcelo Tassara sobre las raíces filosóficas del radicalismo. Ojalá su lectura contribuya a una mejor comprensión de lo que nos ocurre y a la promoción de un debate partidario que, poniendo las cosas blanco sobre negro, permita a la UCR recuperar su razón de ser y su significado histórico. Si esto no ocurre el radicalismo, desde el punto de vista de lo que resulta esencial en él, su sistema de ideas, principios y valores, solo tendrá el nombre.