El proyecto olvidado que buscó frenar las apuestas online antes de su explosión en Argentina   

Mientras la Selección Argentina disputaba el Mundial de Brasil 2014 y el país seguía cada partido con la ilusión de volver a levantar la Copa del Mundo, en la Legislatura bonaerense se debatía otra cuestión vinculada al fútbol. Muy lejos del entusiasmo mundialista, un grupo de diputados advertía sobre un fenómeno que todavía parecía lejano para la Argentina, pero que —sostenían— podía terminar poniendo en riesgo la transparencia del deporte más popular del país: las apuestas deportivas por internet.

Junio de 2014. En aquel momento todavía no existían los grandes patrocinadores de casas de apuestas en las camisetas de los clubes argentinos, ni la publicidad masiva durante las transmisiones deportivas, ni influencers promocionando bonos de bienvenida para apostar desde un teléfono celular. Sin embargo, un grupo de legisladores bonaerenses ya imaginaba ese escenario y proponía directamente impedir que ocurriera.

El proyecto presentado en la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires buscaba prohibir la explotación, administración y operación de apuestas de fútbol realizadas mediante internet, telefonía celular o cualquier otro sistema electrónico dentro del territorio provincial. La iniciativa también impedía que el Instituto Provincial de Lotería y Casinos celebrara convenios con empresas privadas para desarrollar esa actividad y contemplaba multas, clausuras e incluso la caducidad de concesiones para quienes incumplieran la norma.

La iniciativa fue firmada por los diputados provinciales Ricardo Vago, Marcelo Díaz, Alfredo Lazzeretti, Rubén Carlos Grenada, Ricardo Cuccovillo, Jorge Leonardo Santiago, Abel Buil, Juan Carlos Juárez y Carlos Farías, quienes sostuvieron que la provincia debía cerrarles las puertas a las apuestas online antes de que el fenómeno creciera y se volviera imposible de controlar.

Una advertencia una década antes del boom

Visto desde la actualidad, el proyecto resulta llamativo por el carácter anticipatorio de muchos de sus argumentos.

En 2014 las apuestas deportivas online todavía ocupaban un lugar marginal dentro del mercado argentino. No existían los convenios comerciales entre clubes y plataformas de apuestas que hoy dominan el fútbol profesional. Tampoco era habitual encontrar publicidad permanente durante las transmisiones deportivas ni promociones dirigidas especialmente a jóvenes mediante redes sociales.

Precisamente por eso, los autores sostenían que era el momento adecuado para actuar.

En los fundamentos afirmaban que, una vez instalada esta modalidad de juego, el problema cambiaría «cualitativa y cuantitativamente», porque dejaría de estar dirigido a un reducido grupo de apostadores para transformarse en un negocio masivo impulsado por dos factores centrales: la enorme popularidad del fútbol argentino y la facilidad de apostar desde computadoras, tablets y teléfonos celulares.

Según el proyecto, esa combinación convertiría al fútbol en «un inmenso coto de caza para los empresarios del juego», mientras que el costo social recaería sobre la población.

El temor al fraude deportivo

Uno de los ejes principales del proyecto era la posibilidad de manipulación de partidos.

Los legisladores advertían que cuando sobre un partido existe una enorme cantidad de dinero apostado aparecen incentivos para intentar alterar el resultado mediante sobornos, corrupción de árbitros, jugadores, dirigentes o cuerpos técnicos.

Por ese motivo el texto afirmaba que la incorporación de las apuestas online introducía «una nueva amenaza para la integridad del deporte y el juego limpio», ya que quienes podían influir decisivamente en el resultado de un encuentro deportivo eventualmente tendrían la posibilidad de beneficiarse económicamente mediante apuestas realizadas por terceros.

El proyecto señalaba además que el fraude deportivo ya no debía entenderse como un hecho aislado sino como parte de estructuras criminales internacionales dedicadas al lavado de dinero y la corrupción. Citaba informes del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), de Interpol, de FIFA, del Comité Olímpico Internacional y de distintos organismos europeos que advertían sobre la expansión mundial del arreglo de partidos y las apuestas ilegales.

«Todo partido quedaría bajo sospecha»

Quizás el párrafo más fuerte del proyecto es el que sostiene que, una vez instaladas las apuestas deportivas, la confianza del público comenzaría a deteriorarse.

Los autores comparaban esa situación con espectáculos cuyo resultado ya se encuentra previamente acordado y advertían que el fútbol podría perder credibilidad.

El documento sostiene que permitir las apuestas deportivas implicaría que «todo partido, todo gol y todo arbitraje» terminaran bajo sospecha, lesionando de manera irreversible la confianza sobre el deporte.

Incluso afirmaba que el descrédito podía llegar a ser «la muerte del fútbol» como espectáculo auténtico, al instalar permanentemente la duda sobre la legitimidad de los resultados.

El lavado de dinero y las mafias internacionales

Los fundamentos dedican varias páginas a describir investigaciones realizadas en Europa sobre organizaciones criminales vinculadas al negocio de las apuestas.

Se mencionan casos emblemáticos como el escándalo italiano conocido como Calciopoli, investigaciones judiciales en Alemania, operaciones internacionales coordinadas por Interpol, denuncias de Europol por cientos de partidos presuntamente arreglados y distintos episodios ocurridos en Italia, Francia e Inglaterra vinculados al fraude deportivo.

Los legisladores sostenían que el problema no era únicamente deportivo.

También advertían que las apuestas online constituían una herramienta especialmente apta para el lavado de activos provenientes del delito organizado, razón por la cual citaban informes específicos del GAFI sobre el vínculo entre fútbol, apuestas y blanqueo de capitales.

La preocupación por los menores

Otro de los aspectos centrales del proyecto era el acceso de adolescentes y menores de edad a las plataformas digitales.

El texto sostenía que internet hacía prácticamente imposible verificar la verdadera identidad del apostador y que los controles podían ser fácilmente burlados utilizando datos de adultos.

A partir de estudios realizados en Estados Unidos y Europa, los fundamentos advertían que los adolescentes presentaban una mayor propensión a desarrollar conductas de juego problemático que los adultos y alertaban sobre el crecimiento de la ludopatía en edades cada vez más tempranas.

Los autores también advertían que la modalidad online favorecía la invisibilidad del problema, ya que el jugador podía apostar desde su domicilio sin necesidad de concurrir físicamente a un casino o una sala de juegos.

Una discusión que volvió al centro del debate

Doce años después de aquella presentación, el escenario argentino cambió completamente.

Las plataformas de apuestas deportivas patrocinan clubes de Primera División, aparecen en transmisiones televisivas, redes sociales y campañas publicitarias permanentes, mientras distintos sectores políticos, deportivos y sanitarios vuelven a debatir los efectos de esta actividad sobre los jóvenes y la integridad del deporte.

En ese contexto, el proyecto presentado durante el Mundial de Brasil 2014 adquiere un valor documental singular. Mucho antes de la expansión comercial de las apuestas online en Argentina, ya planteaba interrogantes que hoy forman parte de la agenda pública: la transparencia del fútbol, la protección de menores, el lavado de dinero, la ludopatía y el rol del Estado frente a un negocio que entonces apenas comenzaba a asomarse y que hoy mueve miles de millones de pesos cada año.